domingo, 2 de mayo de 2010

Gandhi y el pacifismo proactivo

La esencia del primer hábito (ser proactivos) consiste en hacer que las cosas sucedan. Es decir, en tomar la iniciativa y actuar. Esto a menudo nos da la imagen de que debemos dejar atrás la pasividad e incluso ser agresivos en nuestras acciones.

Sin embargo, nada es más alejado de la realidad que este enfoque. En realidad podemos ser muy proactivos, y sin embargo podemos tener un enfoque pacífico. En realidad, recuerdo que una de las grandes enseñanzas que saqué de la película sobre la vida de Gandhi, es que ser pacifista no quiere decir ser pasivo!, sino que al contrario, un pacifista efectivo es un gran activista!.

Por eso hoy quiero traerles un ejemplo maravilloso de ese pacifismo proactivo que Gandhi expresó en su vida, y que se expresa de forma muy clara en su historia de la marcha de la Sal:

El año: 1930. El lugar: la India. Un anciano en apariencia débil, sin posición y poder convencional, decidió desafiar al imperio más grande que hubiera conocido el mundo. La dominación colonial se había prolongado durante cuatro siglos y había llegado el momento de ponerle fin. Habían sido incontables las peticiones contra la injusticia que nadie había querido escuchar. Era hora de utilizar el poder y la acción. Pero, ¿cómo? El anciano reflexionó durante mucho tiempo acerca de cuál sería el método acertado y finalmente se le ocurrió una estrategia. El dominio del imperio sobre la India se apoyaba en el impuesto a la Sal, impuesto que hasta los más pobres y hambrientos debían pagar para sobrevivir. Estaba prohibido fabricar sal, aunque fuera para consumo personal. El anciano decidió quebrantar esa ley injusta marchando hasta el mar para hacer sal a partir de agua salada.

Cuando el anciano les anunció su proyecto sus colegas en la política, muchos se preguntaron si se habría vuelto loco. ¿Pensaba desafiar al imperio mediante la producción de un puñado de sal? El anciano envió entonces una carta las autoridades imperiales en la cual explicaba su no a la ley de la sal, les pedía que la abolieran y les anunciaba lo que haría en caso de que no cedieran. Los funcionarios se burlaron. ¿Quién prestaría atención a semejante demostración? Decidieron que la mejor manera de responder no era detenerlo sino permitirle hacer el ridículo.

El anciano salió de su hogar y se puso en camino apoyado en su callado, en compañía de ochenta compañeros, con destino al mar, a casi 400 km de distancia. A medida que avanzaba, día a día, se le fueron uniendo miles de personas. Cuando llegó al mar y produjo la sal, los ojos de toda la india estaban puestos en él, mientras el resto del mundo observaba. Cuando la noticia corrió por todo el país, miles de personas comenzaron a fabricar y consumir la sal "ilegal". Las autoridades imperiales no tardaron en reconocer que no tenían otra alternativa que encarcelar al anciano para frenar la rebelión. De nada sirvió. A los pocos meses, las cárceles están llenas de cientos de miles de presos que protestaban. El país prácticamente se paralizó. La sonrisa sardónica se había borrado de los rostros de las autoridades imperiales.

A los pocos meses, las autoridades se dieron llegaron al anciano. Para sorpresa del mundo entero el virrey, representante del rey, se sentó con un indio negociar un acuerdo en términos equitativos. Acordaron que las personas que habitaban en las cosas podría fabricar su propia sal sin tener que pagar impuestos. Ese fue el comienzo del fin del imperio y un ejemplo sobresaliente de cómo la proactividad y el pacifismo no solamente pueden convivir, sino que también son capaces de lograr exitos significativos.

2 comentarios:

antonio viveros dijo...

Hugo recuerdo que esta película acerca de la vida de Gandhi me impactó mucho, gracias.

Antonio

guadalupe dijo...

Muy buen articulo, Hugo. Es algo así lo que debemos de hacer con la famosa Ley Arizona y asi apoyar el boicot para ayudar a nuestros compatriotas ilegales en ese pais.
un abrazo,
Lupita Contreras